El amor de los comienzos está lleno de primeras veces: el primer viaje, la primera discusión, la primera vez que cocináis juntos. Años después se acaban las primeras veces y la comodidad, que es algo bueno, va derivando poco a poco en piloto automático. La solución no es cambiar de pareja. Es vivir cosas distintas con la misma persona.
Por qué la rutina apaga la emoción
El cerebro detecta el cambio y desconecta de lo que se mantiene igual. Es útil para ignorar el zumbido de la nevera y bastante menos para la persona que tienes al otro lado del sofá. La familiaridad da seguridad, pero también vuelve invisible.
Qué hace la novedad compartida
Los investigadores de las relaciones, en especial en los trabajos asociados al modelo de «autoexpansión» de Arthur Aron, han observado que las parejas que hacen juntas actividades nuevas y algo desafiantes suelen decir que están más satisfechas con su relación que las que se quedan en planes agradables pero conocidos.
La palabra clave es juntos. La novedad que vivís codo con codo queda asociada a la persona que tenéis al lado.
Nuevo no tiene por qué ser grande
- Un barrio por el que nunca hayáis paseado.
- Una cocina cuyos platos ninguno de los dos sabe pronunciar.
- Una clase en la que los dos seáis principiantes.
- Una actividad de siempre con un giro: el mismo restaurante, pero cada uno pide por el otro.
La novedad pequeña y frecuente gana a un viaje caro al año.
Convertidlo en un sistema, no en un esfuerzo
A las parejas rara vez les faltan ideas; les falta energía para elegir una. Poned la novedad en el calendario, una noche semanal con una actividad sorpresa, y dejará de depender del ánimo de nadie. Ese es todo el diseño de Scratchy Moments.